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¿Quién decide qué cuerpos son bellos? La polémica que reabre el debate sobre los estándares de belleza

Foto del escritor: Terciopelo
Terciopelo
20 ago
4 min de lectura

“Representa la decadencia de Occidente”. Con esas palabras, el escritor y abogado Axel Kaiser se refirió a una publicidad de Victoria’s Secret que muestra a dos modelos con características físicas diferentes, dando inicio a una controversia que rápidamente se trasladó a redes sociales.


La imagen presenta a dos mujeres utilizando ropa interior de la marca: una modelo rubia y de contextura delgada y otra mujer morena, de cuerpo curvilíneo, con caderas y brazos más anchos.


Fue precisamente la diferencia entre ambas mujeres la que Kaiser utilizó para desarrollar una reflexión sobre los estándares de belleza, asegurando que “hay gente que es más linda que otra y más saludable que otra” y cuestionando los cambios que han experimentado estos ideales durante los últimos años.

Sin embargo, sus declaraciones fueron más allá de una opinión personal sobre belleza.


“Toda civilización necesita tener modelos”

Al abordar la publicidad, Kaiser sostuvo que “toda civilización para elevarse necesita tener modelos, necesita tener estándares a seguir”, cuestionando posteriormente que Victoria’s Secret estaría intentando “normalizar cuerpos que son feos y ponerlos en el estándar de los que son lindos”.


Sus palabras generaron críticas en redes sociales, especialmente por establecer una jerarquía entre los cuerpos de ambas mujeres y vincular determinados atributos físicos con conceptos como belleza, salud e incluso el desarrollo de una sociedad.


La discusión también resulta problemática porque la apariencia física de una persona en una fotografía no permite establecer su estado de salud. Tener una determinada contextura, caderas más anchas o mayor volumen corporal no constituye por sí solo un indicador que permita concluir si alguien es más o menos saludable.


Pero existe otro elemento dentro de esta discusión que tampoco puede ser ignorado: los estándares de belleza a los que se está haciendo referencia no han surgido de manera neutral.


¿Qué entendemos por un cuerpo que representa un “ideal”?

Durante décadas, gran parte de la industria de la moda occidental promovió un ideal femenino particularmente limitado: mujeres mayoritariamente delgadas, altas, jóvenes y con características asociadas a los cánones de belleza eurocéntricos.

Victoria’s Secret fue, precisamente, una de las marcas que durante años convirtió este modelo en parte fundamental de su identidad publicitaria.


Por eso, cuando se plantea que incluir cuerpos diferentes significa “normalizar cuerpos feos”, la discusión deja de limitarse exclusivamente al peso.

La modelo cuestionada por Kaiser no parece simplemente representar una contextura diferente. También posee características físicas y un color de piel distintos de aquellos que durante décadas tuvieron una presencia predominante dentro de la publicidad de la marca.


Es ahí donde las declaraciones abren una discusión que también puede ser analizada desde una perspectiva racial.


Si aquello que se considera bello, saludable y digno de convertirse en un “estándar” coincide con características históricamente asociadas a un canon eurocéntrico, mientras los cuerpos que se alejan de él son presentados como una señal de “decadencia”, resulta legítimo preguntarse qué características estamos utilizando para construir esa jerarquía.

Esto no significa afirmar que Kaiser haya declarado explícitamente la superioridad de una raza sobre otra. Sin embargo, sí permite cuestionar las implicancias de defender como universal un determinado ideal de belleza en una sociedad diversa.


La belleza tampoco es un estándar universal

Los cánones de belleza no son verdades biológicas ni han permanecido inalterables a lo largo de la historia. Cambian dependiendo de la época, la cultura y las sociedades que los construyen.


Durante los últimos años, la industria de la moda ha comenzado a incorporar una representación corporal y racial más amplia, alejándose progresivamente de la idea de que existe un único tipo de mujer que puede protagonizar una campaña de belleza o ropa interior.


Eso tampoco significa que todos los cuerpos deban convertirse en modelos que el resto de la población tenga que imitar.

Mostrar mujeres con diferentes contexturas, colores de piel o características físicas no obliga a considerarlas un estándar universal. Simplemente reconoce una realidad evidente: las personas son distintas.


Por eso resulta especialmente delicado transformar una preferencia estética individual en una supuesta medida sobre aquello que una civilización debería considerar bello, saludable o deseable.


Representación no es imposición

Existe una diferencia importante entre ampliar la representación y establecer un nuevo estándar.

La presencia de cuerpos diversos en publicidad no elimina a las mujeres delgadas ni establece que una determinada contextura deba convertirse en el nuevo ideal. Lo que hace es ampliar quiénes pueden ocupar espacios que durante décadas estuvieron reservados para un grupo mucho más reducido de personas.


En un mundo diverso y globalizado, resulta difícil sostener que existe una única genética, contextura o apariencia capaz de representar la belleza.

Y quizás ahí está uno de los principales problemas detrás de esta polémica: cuando comenzamos a clasificar públicamente determinados cuerpos como superiores y otros como “feos”, especialmente utilizando esas diferencias para hablar sobre la supuesta “decadencia” de una sociedad, ya no estamos simplemente hablando de gustos personales. Estamos hablando de quién tiene derecho a ser considerado bello, quién establece ese estándar y, sobre todo, quién queda fuera de él.


La belleza no es un estándar universal ni está determinada por una sola contextura, genética o color de piel. En una sociedad diversa, ampliar la representación no significa imponer cuerpos como modelos a seguir, sino reconocer que existen distintas formas de belleza.

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