BTS y Chile: una historia de cariño, música y una conexión inolvidable con ARMY


Desde su primera visita en 2015 hasta su esperado regreso al Estadio Nacional en 2026, BTS ha construido una relación especial con el público chileno. Una historia que comenzó mucho antes de que el K-pop conquistara las listas mundiales y que hoy permite entender el impacto cultural de la banda y la dedicación de una comunidad de seguidores que nunca dejó de esperarlos.
Hay artistas que visitan Chile, ofrecen un concierto y continúan con su gira. Y hay otros cuya llegada se convierte en un acontecimiento que comienza meses antes del espectáculo y permanece en la memoria de sus seguidores durante años. BTS pertenece a este segundo grupo.
El regreso de la banda surcoreana a Santiago, en octubre de 2026, volvió a demostrar la enorme conexión que existe entre sus siete integrantes y el público chileno. Después de nueve años sin presentarse en nuestro país, RM, Jin, Suga, J-Hope, Jimin, V y Jungkook regresaron con tres conciertos en el Estadio Nacional, como parte de su gira mundial Arirang.
Para quienes recién descubren el fenómeno, las imágenes de miles de personas cantando en coreano, intercambiando regalos y organizando actividades alrededor de los conciertos pueden resultar sorprendentes. Sin embargo, para ARMY Chile, el nombre que recibe la comunidad de seguidores de BTS, todo esto es parte de una historia que comenzó hace más de una década.

Y es que Chile no conoció a BTS cuando ya eran superestrellas mundiales. Los recibió cuando todavía estaban construyendo su camino internacional, en una época en que escuchar K-pop era una afición mucho menos extendida que hoy.
El 2 de agosto de 2015, BTS se presentó por primera vez en nuestro país, en el Movistar Arena de Santiago, con su gira The Red Bullet. Habían pasado apenas dos años desde su debut en Corea del Sur y el grupo comenzaba a despertar interés fuera de Asia.
En aquel entonces, las plataformas digitales y las comunidades de fanáticos ya permitían descubrir artistas sin necesidad de escucharlos en la radio o verlos en televisión. Fue precisamente a través de internet que muchos jóvenes chilenos comenzaron a familiarizarse con la música, las coreografías y las personalidades de los integrantes.
El concierto de 2015 demostró que existía una audiencia local dispuesta a llenar un recinto importante para ver a una agrupación que todavía no tenía la exposición internacional que alcanzaría años después. Según recordó Emol en un reportaje sobre el fenómeno BTS, las entradas para aquella primera presentación se agotaron pese a que el espectáculo no contó con una campaña promocional especialmente masiva.
Para la banda, aquella visita representaba una oportunidad de conocer a un público ubicado al otro lado del mundo, mientras que para ARMY era la posibilidad de ver en vivo a artistas que, hasta ese momento, conocían principalmente a través de una pantalla.
Lo que entonces podía parecer un fenómeno limitado a un grupo de adolescentes terminaría convirtiéndose en uno de los movimientos musicales más importantes de la cultura pop contemporánea.

Dos años después, BTS volvió a Chile con The Wings Tour, esta vez para ofrecer dos conciertos en el Movistar Arena, el 11 y 12 de marzo de 2017. Para entonces, la popularidad del grupo había crecido considerablemente y el entusiasmo de sus seguidores era imposible de ignorar.
La Tercera documentó cómo un centenar de fanáticos comenzó a instalarse en las inmediaciones del recinto varios días antes de las presentaciones, mientras que la rápida venta de entradas había obligado a sumar una segunda fecha.
Pero lo que más llamaba la atención no era solamente la cantidad de personas esperando a BTS, sino el nivel de organización de una comunidad que coordinaba encuentros, compartía información y preparaba actividades para recibir a sus artistas favoritos.
Con el paso de los años, aquella etapa adquirió un significado adicional. Chile pasó a formar parte de los recuerdos de los primeros recorridos internacionales de BTS, cuando la agrupación todavía estaba consolidando su identidad artística y ampliando su audiencia. De hecho, la relación con nuestro país también aparece mencionada en Beyond The Story: 10-Year Record of BTS, el libro oficial que repasa la primera década de trayectoria del grupo.
Una relación que creció con los años
Después de los conciertos de 2017, BTS continuó creciendo hasta convertirse en uno de los nombres más reconocidos de la industria musical internacional. Llegaron los récords de ventas, las premiaciones, las giras de estadios, las colaboraciones con artistas occidentales y una exposición mediática que llevó al K-pop a nuevas audiencias.
También llegaron los proyectos individuales de sus integrantes y la pausa en sus actividades grupales debido al cumplimiento del servicio militar obligatorio en Corea del Sur. Durante todo ese tiempo, ARMY Chile mantuvo su vínculo con la banda, siguiendo sus lanzamientos, celebrando sus logros y esperando la posibilidad de un nuevo encuentro.

Ese momento finalmente llegó en octubre de 2026, cuando BTS regresó a Santiago para presentarse en el Estadio Nacional, con conciertos programados para los días 14, 16 y 17.
La magnitud del evento reflejó cuánto había cambiado el panorama desde su primera visita. El grupo que en 2015 se presentaba en el Movistar Arena regresaba ahora con un espectáculo de estadio, un escenario de 360 grados y una producción de alcance mundial.
Durante su última presentación, los integrantes incluso aparecieron vestidos de huaso e incorporaron expresiones chilenas al espectáculo, en un gesto que fue celebrado por sus seguidores.
Más allá de la producción y las cifras, el regreso permitió reunir a distintas generaciones de ARMY: quienes los seguían desde sus primeros años, quienes descubrieron su música durante la pandemia y quienes se incorporaron a la comunidad a través de sus trabajos más recientes.
Para muchos, no se trataba solamente de asistir a un concierto, sino de concretar una espera que había acompañado buena parte de sus vidas.
Y aunque es difícil establecer qué país ocupa un lugar más importante en la experiencia personal de los integrantes de BTS, existen antecedentes concretos que permiten entender por qué Chile tiene un espacio significativo dentro de su trayectoria internacional.
Fue uno de los países latinoamericanos que los recibió durante sus primeros años de expansión fuera de Asia, cuando todavía estaban lejos de alcanzar la popularidad mundial que tienen actualmente. La respuesta del público permitió que regresaran en 2017 con dos conciertos y que, casi una década después, volvieran con tres presentaciones en uno de los recintos más importantes del país.
La conexión, por lo tanto, no depende solamente de las declaraciones de cariño que puedan producirse sobre un escenario, sino de una historia de encuentros, recuerdos y experiencias compartidas.

ARMY Chile, mucho más que una fanaticada
Una de las características más interesantes del fenómeno BTS es la relación que mantiene con sus seguidores, quienes han desarrollado una cultura propia alrededor de la banda.
ARMY, sigla de Adorable Representative M.C. for Youth, es el nombre oficial de su fandom y hoy identifica a una comunidad internacional que participa activamente en la difusión de la música del grupo.
En Chile, esa participación se expresa a través de reuniones, proyectos colectivos, actividades temáticas, celebraciones de cumpleaños, intercambios de artículos y distintas iniciativas organizadas por los propios seguidores.
Durante los conciertos de octubre, por ejemplo, la agencia EFE registró cómo las personas que llegaron al Estadio Nacional intercambiaban pequeños regalos conocidos como freebies, entre ellos tarjetas coleccionables, dulces y llaveros elaborados especialmente para la ocasión.
Estos objetos, muchas veces hechos a mano, no necesariamente tienen un valor económico importante, pero forman parte de una tradición que busca compartir la experiencia con otras personas de la comunidad. También se organizaron iniciativas para celebrar el cumpleaños de Jimin, que había tenido lugar un día antes de las presentaciones.
Este tipo de actividades ayuda a entender por qué ARMY no funciona simplemente como una audiencia que compra discos o entradas. Para muchos de sus integrantes, es también un espacio de encuentro, creatividad y amistad, donde la música sirve como punto de partida para construir relaciones que pueden mantenerse durante años.
A lo largo de su trayectoria, el grupo ha abordado en sus canciones asuntos como las inseguridades juveniles, la presión social, las expectativas familiares, la autoestima y las dificultades de crecer.
Aunque sus letras están escritas principalmente en coreano, estos temas han conseguido conectar con públicos de culturas e idiomas muy diferentes. Por eso, el cariño de ARMY no puede explicarse únicamente a través de la popularidad de sus integrantes o del atractivo de sus espectáculos. También existe una identificación con las historias que cuentan y con la forma en que han construido su relación con los seguidores.
La capacidad de organización de ARMY Chile quedó especialmente expuesta durante los meses previos al regreso de BTS en 2026. En julio surgieron dificultades para autorizar el uso del Estadio Nacional debido a las características técnicas del escenario y a la necesidad de proteger la infraestructura deportiva.
La incertidumbre provocó una fuerte reacción de los seguidores, quienes organizaron manifestaciones pacíficas y campañas a través de redes sociales para solicitar que los conciertos pudieran realizarse.
El País documentó movilizaciones en distintas ciudades, incluyendo una manifestación en Arica y concentraciones en Santiago. Finalmente, el Instituto Nacional del Deporte autorizó las presentaciones después de que la productora incorporara modificaciones técnicas destinadas a resguardar el recinto, según informó la agencia EFE.
El episodio permitió observar una faceta menos conocida del fenómeno BTS: la capacidad de sus seguidores para coordinarse, compartir información y actuar colectivamente cuando consideran que existe un objetivo común.

El impacto cultural de BTS en Chile
Aunque el K-pop ya tenía seguidores chilenos antes de la llegada de BTS, el crecimiento internacional del grupo contribuyó a ampliar considerablemente la visibilidad del género.
Durante años, la música surcoreana circuló principalmente a través de comunidades especializadas, foros, plataformas de video y encuentros de fanáticos. Sin embargo, a medida que artistas como BTS comenzaron a alcanzar posiciones destacadas en las listas internacionales, también aumentó la presencia del K-pop en medios de comunicación, espacios comerciales y conversaciones cotidianas.
Hoy resulta mucho más habitual encontrar tiendas de merchandising, eventos dedicados a la cultura coreana, competencias de baile y comunidades organizadas alrededor de distintos grupos.
BTS no es el único responsable de este fenómeno, que forma parte de la expansión global de la llamada ola coreana o Hallyu, pero sí ha sido uno de sus principales exponentes.
Su popularidad también ha despertado interés por otros aspectos de Corea del Sur, desde el idioma y la gastronomía hasta la moda, las producciones audiovisuales y las tradiciones culturales.
El paso de BTS por Chile también permite observar cómo ha cambiado la manera en que las nuevas generaciones se relacionan con la música. Durante décadas, buena parte de los grandes fenómenos juveniles que llegaban a nuestro país provenían de Estados Unidos, Reino Unido o Latinoamérica. El crecimiento del K-pop amplió ese panorama y demostró que un grupo que canta principalmente en coreano también podía reunir a miles de personas en Santiago.
El regreso de BTS a Chile en 2026 permitió cerrar una espera de nueve años, pero también dejó en evidencia cuánto había crecido su comunidad durante ese período.
Los conciertos reunieron a seguidores que habían estado presentes en 2015 y 2017, junto a personas que nunca habían tenido la oportunidad de verlos en vivo.
Más allá de las cifras de asistencia o del despliegue técnico, la historia de BTS en Chile habla de una transformación cultural que comenzó mucho antes de que el K-pop se volviera habitual en los medios.
La banda llegó cuando todavía estaba construyendo su camino internacional y encontró una comunidad que continuó creciendo con ella.
Hoy, once años después de aquella primera presentación en el Movistar Arena, el regreso al Estadio Nacional permite dimensionar el recorrido de ambos: BTS pasó de ser una promesa del pop surcoreano a un fenómeno mundial, mientras ARMY Chile se consolidó como una comunidad diversa, organizada y profundamente vinculada a la historia del grupo.
Los conciertos duran unas horas, pero para quienes han seguido a BTS durante años, la experiencia incluye mucho más: música, amistades, recuerdos y una parte importante de sus propias historias.



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